i visitamos la ciudad de Londres podremos ver una famosa zona de la misma llamada Portobelo, o admirar la tumba que rinde homenaje a la figura de Edward Vernon en la Abadía de Westminster, sin embargo la realidad arroja para ellos una dudosa gloria debido a las acciones de un marino español, que vergonzosamente y en paralelo ha sido olvidado tras su participación en una de las batallas más desiguales y cruentas de la Historia.Blas de Lezo y Olavarrieta nace en Pasajes (Guipúzcoa, España) el 3 de febrero de 1689. Pertenece a una familia de nobleza baja con ilustres marinos entre sus antepasados y en un pueblo prácticamente dedicado en exclusiva a la mar. Por ello no debe extrañar que con apenas doce años, en 1701, se enrole como guardiamarina al servicio del conde de Toulouse, Alejandro de Borbón hijo de Luis XIV. Se integra en la armada francesa porque la española era apenas inexistente, la situación era calamitosa y lamentable, fiel reflejo del descalabro económico y la decadencia de los Austrias.
Figura 3 - Jorrando al capturado Stanhope.
En 1712 pasa a servir a la incipiente Armada española en la flota de Andrés del Pez ya que no tenía sentido seguir en la francesa al distanciarse los monarcas español y francés. Este afamado almirante quedo maravillado ante la valía de Lezo y emitió varios escritos que le valieron su ascenso a Capitán de Navío un año mas tarde. Posteriormente participa en el asedio a Barcelona al mando del Campanella (70), en el que el 11 de septiembre de 1714 se acerca con demasiado ímpetu a sus defensas y recibe un balazo de mosquete en el antebrazo derecho, quedando la extremidad sin apenas movilidad hasta el fin de sus días. De esta manera con sólo 25 años tenemos al joven Blas de Lezo tuerto, manco y cojo.
En esos momentos también tiene tiempo para otras conquistas y el 5 de mayo de 1725 toma la mano de Doña Josefa Pacheco de Bustos, que un año más tarde le daría un hijo, también llamado Blas. El primer cometido que tuvo como jefe de la escuadra del sur fue hacerla perfectamente operativa, para ello necesitaba tres o cuatro navíos de guerra pero pocos fueron los medios con los que contó, teniendo incluso que desguazar la fragata, de nombre Peregrina (36), por el lamentable estado en el que se encontraba. Afortunadamente se construyeron dos nuevos barcos por parte de los comerciantes peruanos en pago por lo que adeudaban a la corona. Con su pequeña escuadra de tres navíos se lanza a patrullar el Pacífico y pronto se encontraran con cinco navíos holandeses mejor artillados, Lezo ordena enfilar la proa hacia el enemigo para abordarlo pero este reacciona organizadamente y frustra su intento, a lo que el marino español responde ágilmente ordenando concentrar el fuego contra la mayor embarcación enemiga, el Vlissingen (58). Tal fue el castigo que lo desarbolan y arrían su pabellón poniendo en fuga al resto.
En otra salida posterior se lanzaría sobre seis navíos de guerra ingleses rindiendo a todos ellos uniendo tres a su escuadra. Así Lezo consiguió formar una armada más que suficiente para proteger las costas peruanas, pero el nuevo Virrey que había tomado posesión de su cargo hacía dos años, la desguazo e intentó colocar en puestos de la armada a amigos y familiares lo que provocó el enfrentamiento con Lezo.
En todo ese tiempo los impagos al general se agravaron por el bloqueo del propio Virrey. La situación se volvió insostenible, llegando a pedir el retiro, pero el 18 de agosto de 1730 regresa a Cádiz como jefe de la Escuadra del Mediterráneo y pagándosele lo debido, tras la intercesión de Patiño, el ministro de la Marina, sabedor de la necesidad de gente así en la Armada.
El día 28 de noviembre de 1731, se distinguen y reconocen los servicios del almirante al Rey, señalándose como distintivo para la nave capitana de Blas de Lezo, la Real Familia (60), el escudo de armas de Felipe V, quedando la bandera morada con el escudo de España, las ordenes del Espíritu Santo y el Toison de Oro alrededor y cuatro anclas en sus extremos.

Figura 4 - Estandarte del Teniente General de la Armada don Blas de Lezo.
El 22 de diciembre del mismo año se le vuelve a reconocer encomendándole el traslado del infante Don Carlos a sus posesiones italianas. Pero antes de terminar el año vuelve a recibir órdenes, debe recuperar dos millones de pesos que el Banco San Jorge de Génova retenía a la corona española. Al mando de seis buques entra en el puerto genovés y se sitúa enfrente del palacio de los Doria portando la bandera real en señal de hostilidades. Demanda lo adeudado y da un plazo de 24 horas para su entrega amenazando cañonear la ciudad, que finalmente entrega los dos millones, pero además es obligada por Lezo a rendir honores a bandera española antes de partir de nuevo a la península.
Blas vuelve al combate a bordo del Santiago (60), acompañado de una fuerza militar compuesta por once barcos de guerra, siete galeras y numerosas embarcaciones de transportes, con 30.000 hombres y 168 piezas artilleras. Esta fuerza al mando de conde de Montemar reconquista el 2 de julio de 1732 la plaza de Orán. Su jefe, el pirata Bey Hacen escapó y se alió con el Bey de Argel disponiendo pronto un ataque contra la ciudad. De esta manera Lezo volvió en Febrero de 1733 para socorrerla con el Princesa (70) y Real Familia (60) y otros cinco navíos de guerra para auxiliar Oran. Las nueve galeras que bloqueaban su puerto huyeron en desbandada pero Lezo persiguió a la nave Capitana (60) de Bey de Argel hasta la ensenada de Mostagán defendida por dos fuertes y 4000 enemigos. Lejos de detenerse, Lezo entró en ella impetuoso como siempre, arrasando las dos fortificaciones con gran pericia de los artilleros y asaltando la nave capitana ante el terror de los musulmanes.
Figura 5 - Castillo de San Felipe de Barajas en la actualidad.
A pesar de las magníficas fortificaciones Blas de Lezo encontró las defensas de la ciudad en un estado calamitoso. Contaba “con poca y mala artillería, casi sin municiones y una existencia de pólvora que apenas llegaba a 3300 libras” 3. Desde su llegada su único propósito fue el abastecimiento de la plaza y la fortificación de la bahía. Para ello ordenó cegar completamente el canal de Bocagrande creando una escollera, de esta forma se aseguró que cualquier ataque por mar tuviera que pasar por los fuertes de Bocachica. Reforzó las guarniciones de estas fortificaciones, tendió entre las mismas dos cadenas para impedir el acceso a la bahía y colocó sus barcos para apoyarlos.
28 navíos de dos puentes y de 50 a 70 cañones.
12 fragatas de 40 cañones.
2 bombardas.
130 barcos de transporte.
6237 soldados ingleses.
2763 soldados norteamericanos.
1000 macheteros jamaicanos.
12600 marineros.
2620 cañones navales.
1380 cañones de tierra.
2230 soldados españoles: Regimientos de Infantería de Aragón, Toledo, Lisboa, Navarra, el Fijo de la Plaza y milicianos de la ciudad.
600 indios flecheros del interior de la provincia.
900 marineros.
80 artilleros.
360 cañones navales.
320 cañones de los fuertes.
310 cañones del recinto amurallado de la ciudad.
Vernon amaga, ronda y distrae la atención por las costas, comprobando que es inaccesible la ciudad desde su frente marítimo tras intentar bombardear la ciudad con 17 navíos y las dos bombardas dirigiéndose entonces a Bocachica.
El 17 de marzo comienza el cañoneo contra los fuertes y baterías de aquella entrada a la bahía. Esta acción se producía a todas horas con una media de 62 disparos cada hora, atacando permanentemente ocho barcos que se renovaban de cuatro en cuatro. Pero el comandante vasco se había preparado para minimizar los daños en su tropa y sacar el máximo provecho a los pocos recursos con los que contaba. Colocó los navíos en la entrada de la bahía para apoyar el fuego de las fortificaciones, mientras que en estas dispuso la utilización de “rampas bajo los cañones para poder alargar los tiros y disminuir el tiempo de los mismos” 6.
Mientras tanto los atacantes habían desembarcado en la Boquilla (al Oeste de la ciudad) distrayendo la atención del Virrey Eslava. Sin embargo los británicos tomaron buena nota de las defensas antes del primer ataque a Cartagena, como se refleja en la carta del 7 de Marzo de 1740 de dirigida a Vernon por sus oficiales, y en la que indicaban que las baterías de Tierra Bomba (al Este de Bocachica) se podrían silenciar fácilmente permitiendo desembarcar en ella. Y así ocurrió, tras anular las tres baterías situadas al Este del fuerte de San Luis, no sin sufrir graves daños en los navíos Norfolk (80), Russell (80) y Shrewbury (80), las fuerzas inglesas desembarcan tropas y artillería. Lezo bramaba contra el Virrey pues anteriormente le había impedido reforzar aquellas posiciones y ahora el cerrojo de la bahía estaba a punto de saltar. A pesar de estar situado bajo la protección visual de la maleza, increíblemente los ingleses asentaron su campamento bajo el alcance de las murallas de San Luis y situaron sus primeras piezas del lado contrario al campamento, de manera que cuando abrieron fuego el campamento recibió la respuesta del fuerte como refleja un ayudante de cirujano británico: “Este tipo de conducta de elegir un campamento bajo el fuego de las murallas enemigas, que creo que nunca antes había sucedido fue llevada a cabo, creo yo, con el fin de acostumbrar a los soldados al fuego” 7.
Tras la toma de Bocachica, Vernon manda la fragata Spence con dos oficiales capturados y el estandarte del buque insignia de Lezo, el Galicia (70), a Jamaica y Londres informando de la inminente toma de la plaza. Cuando la noticia llegó a la capital británica “se dispararon salvas desde la Torre de Londres, las campanas de las iglesias se echaron a volar y la victoria fue celebrada con iluminación general y fuegos artificiales” 8. Incluso el Parlamento mandó acuñar monedas conmemorativas, algunas se representaba a Lezo arrodillado (con ambos ojos, brazos y piernas sanos) entregando su espada al almirante inglés, y en las que rezaba la siguiente inscripción “el orgullo español humillado por Vernon”.
Figura 7 - Moneda conmemorativa de la “victoria inglesa” en Cartagena de Indias
La terrible situación para los defensores hace que el Virrey Eslava ordene entonces el abandono del fuerte de Cruz Grande considerando la imposibilidad de su defensa y el hundimiento de los intactos Dragón (64) y Conquistador (64) para cerrar el acceso a la bahía interior. Estas decisiones se realizaron muy a disgusto de don Blas: “y con justa razón me opuse a que se abandonase el Castillo y se echasen a pique los navíos, pero he reconocido que muchos meses a esta parte ha despreciado este caballero cuanto he dicho” 9.
Sólo quedaba someter el castillo de San Felipe de Barajas y Cartagena estaría a merced del fuego de este. Para ello ya habían tomado el cerro de La Popa desde donde cañonearían la fortificación mientras se lanzaba un asalto de infantería. La suerte del castillo y de Cartagena de Indias estaba prácticamente sellada. Ambos bandos preparaban el combate final, en el lado ingles se subió la artillería a La Popa mientras que se desembarcaban tantos hombres y pertrechos que hablaban de una ofensiva a gran escala; en el lado español ante la crítica situación el Virrey Eslava repone en el mando a Lezo que ordena desbrozar las inmediaciones para no dar cobertura al enemigo y cavar un foso alrededor del fuerte que conectara con una trinchera zigzageante situada a lo largo de la ladera del lado Sur. También envió dos supuestos desertores a los ingleses para tenderles una trampa y ordenó que trajesen al castillo la reserva de marinos dejando indefensa la ciudad, retiró a los civiles a la misma y voló el puente de acceso a ella. El comandante español dispuso en la trinchera 650 soldados y dentro del castillo 300, más la reserva de 200 marinos. Los ingleses asaltarían simultáneamente la fortaleza por los cuatro costados. Se avanzaría por el Sur aunque el grueso de la tropa se centraría en el lado Este, el más empinado pero con deficiencias en la fortificación según la información errónea de los dos supuesto desertores. Del lado Oeste se encargarían los colonos norteamericanos mientras que en el norte se haría una maniobra de distracción Vernon no quiso dar apoyo naval al asalto, puesto que debía internarse en un estrecho canal en el que la superioridad del San Felipe de Barajas era evidente. Sin embargo también exigió rendir el fuerte del Manzanillo, el del Pastelillo y a una compañía que quedó aislada en una playa ante su avance.

Entre tanto los fuertes del Manzanillo y el Pastelillo resistían firmemente. Blas de Lezo ha conseguido que el lado Sur, defendido por la trinchera y la propia fortificación, no sea la que cuente con mayores efectivos enemigos y sin embargo sea la única opción efectiva de ataque contra el verdadero objetivo que otorgaría la victoria. La artillería británica de La Popa se ve obligada a repartir el fuego contra las posiciones atrincheradas, impidiendo así el ablandamiento del castillo. El propio diseño de la trinchera permitía cubrir varios flancos a la vez y no ser desbordada a la primera carga, mientras que su localización otorgaba una posición favorable en la ladera con el enemigo subiéndola y protegida por el fuerte, además la cobertura que la tierra ofrecía permitía protegerse de forma efectiva del cañoneo inglés. Las tropas británicas del lado Sur avanzan hacia el castillo sin saber que al mismo tiempo en los otros frentes sus compatriotas están siendo masacrados bajo un fuego espantoso, y ahora el destino de la contienda esta sobre ellos. El fuego de fusilería es intensísimo y los soldados ingleses no consiguen progresar con facilidad, pasan las horas y las fuerzas de ambos bandos se van concentrando en el mismo flanco, sin embargo los ingleses están sufriendo una gran desgaste subiendo la ladera bajo el sol tropical y el fuego español. Los ingleses envían 400 hombres más de refuerzo pero el combate sigue igual de trabado, hasta que al medio día los españoles dan toque de oración y detienen su fuego algo que será respetado por los atacantes mientras se hace un silencio sepulcral en el campo de batalla. Se reanuda la contienda y poco después de la pausa los británicos dan el toque de asalto comenzando el combate a bayoneta calada. Las artillerías dejan de abrir fuego contra la infantería excepto cuando se producen repliegues españoles que son superados en una proporción de cuatro a uno, a pesar del envío al combate de la reserva de 200 marinos. La línea de combate llegó a los pies de la fortaleza, varios puntos de la trinchera han sido rebasados, el combate es encarnizado, y los soldados españoles están empezando a mostrar signos de debilidad. Blas de Lezo se da cuenta que es el momento decisivo de la batalla, es un todo o nada, y da la orden de que sus 300 marinos, que servían los cañones del castillo y eran su única guarnición, salgan a la carga. Los fatigados ingleses se vieron desbordados en un momento crítico de la batalla ante la frescura e ímpetu de aquellos hombres, siendo expulsados de aquella posición y perseguidos por la tropa española comenzaron una retirada cuesta abajo. Ante estos acontecimientos los asaltantes que ascendían la ladera también se vieron desbordados psicológicamente y la huida se contagió entre las fuerzas inglesas, produciendo una estampida desordenada que los dejó a merced de los españoles y provocó la masacre de los ingleses. Estos fueron perseguidos por los defensores hasta La Popa donde capturaron las piezas de artillería que allí había. El asalto final había terminado, se había firmado otro glorioso capítulo para las armas españolas.
La tenaz defensa que planteó Lezo en todo el sitio de Cartagena buscaba desgastar al enemigo lo más posible para llegar a un combate final con posibilidades reales, algo que ya de por si suponía un éxito frente al número tan abrumador del enemigo. Al igual que las tropas peninsulares fueron diezmadas por las enfermedades tropicales a su llegada a Cartagena de Indias, todo el tiempo que duró la aparentemente absurda resistencia planteada por Lezo promovió la aparición de enfermedades en el enemigo. Las defensas de Cartagena fueron concebidas con este fin: “Se trataba, por lo tanto, de repeler el ataque de tropas noreuropeas, poco acostumbradas a los climas tropicales y deficientemente inmunizadas contra las enfermedades de estas latitudes. El agresor tenia necesariamente que lograr sus objetivos rápidamente, antes que el calor, la humedad, el paludismo y la fiebre amarilla se convirtiesen en invencibles aliados de los sitiados. En Cartagena se estimaba un plazo de seis a ocho semanas para que las huestes tropicales llegasen invisibles a defender la plaza” 11. Los ingleses se vieron obligados a mantenerse demasiado tiempo en el mar, algo que unido a la falta de costumbre de aquellos hombres a las enfermedades tropicales, provocaron el surgimiento de epidemias entre sus tropas. Este proceso fue acelerado por la ambición de Edward Vernon quien, tras tomar Bocachica, decidió no enterrar a los muertos (suyos y ajenos) para lanzarse rápidamente contra la ciudad. Los soldados ingleses estaban padeciendo verdaderas calamidades por parte de la naturaleza y de su mando, ello explica que se desmoronaran de golpe y no pudieran asumir un nuevo asalto a San Felipe de Barajas. Además las desavenencias en la oficialidad británica, el egoísmo y crueldad de sus comandantes provocaron numerosas decisiones fatales y el desrrumbamiento físico y moral de su tropa. Blas de Lezo logró, no sin dificultades, resistir desde primera línea sin que se produjera el descalabro de sus tropas, obligando al enemigo a desgastarse excesivamente y llevándole a un asalto final en el que ya no podía ejercer su superioridad numérica, donde magistralmente encauzó el ataque al frente que dispuso, rechazándolo con brillantez.
El 26 de Abril, Vernon pone postreramente al buque Galicia (70) a disparar contra el fuerte de San Felipe de Barajas. Este barco había sido la nave capitana de Lezo, siendo capturada a los españoles en la toma de Bocachica cuando no cogió fuego a tiempo. El propósito de la misión suicida era humillar el honor español y vengarse. El combate terminó con el Galicia (70) desarbolado y en un calamitoso estado tras recibir el cañoneo simultaneo de las defensas de la ciudad, el fuerte de San Sebastián del Pastelillo y el propio San Felipe de Barajas. Finalmente fue incendiado, unas fuentes hablan que por los propios ingleses cerca del fuerte del Manzanillo y otras por los españoles después de acabar con sus tripulantes, poniendo en llamas el velero que llevado por el viento prendió en otras embarcaciones y material de guerra británico con grave destrucción y pérdidas. Sea como fuere se trata, como los continuos bombardeos sin objetivo alguno, de una muestra de la impotencia de Vernon ante la derrota.
2500 muertos por enfermedades.
7500 heridos en combate.
6 navíos de tres puentes.
13 navíos de dos puentes.
4 fragatas.
27 transportes.
1500 cañones capturados o destruidos por los españoles.
1200 heridos.
6 navíos de dos puentes.
5 fuertes.
3 baterías.
395 cañones.

* Nota: Las cifras que aparecen entre paréntesis junto al nombre de cada una de las embarcaciones indican el número de piezas de artillería que podían disponer las mismas.
Citas:
1 Victoria, P. (2005). El día que España derrotó a Inglaterra. Altera. Pág. 121.
2 Idem. Pág. 122.
3 Picatoste, V. (1898). “El general pierna de palo”. La Ultima Moda: Glorias de España (núm. 14). Pág. 24.
4 Segovia Salas, R. (2003). Las fortificaciones de Cartagena de Indias: estrategia e historia. Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República. <http://www.lablaa.org/blaavirtual/historia/fortificaciones/fortif2.htm>
5 Carta de don Blas de Lezo al vicealmirante Edward Vernon en respuesta a la que este ultimo le envió tras la toma de Portobello. Archivo General de Indias, Sevilla, Audiencia de Santa Fe Cartagena, correspondencia de Blas de Lezo, años 1738-1741, estante 119, cajón 2, legajo 11.
6 Victoria, P. (2005). El día que España derrotó a Inglaterra. Altera. Pag. 179.
7 Smollett, T. (1995). Roderick Ramdom. Penguien Classics. Pág. 143 a 199.
8 Torres, A.E. (1955). Homenaje a don Blas de Lezo. El último biógrafo del almirante Edward Vernon. Una versión inglesa de su asalto a Cartagena de Indias. Casanalpe. Pág. 28.
9 Lezo, Blas de. (1741) Diario de lo acaecido en Cartagena de Indias desde el día13 de marzo de 1741 hasta el 20 de mayo del mismo año, que remite a Su Majestad don Blas de Lezo. Museo Naval de Madrid.
10 Segovia Salas, R. (2003). Las fortificaciones de Cartagena de Indias: estrategia e historia. Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República. <http://www.lablaa.org/blaavirtual/historia/fortificaciones/fortif3.htm>
11 Idem. <http://www.lablaa.org/blaavirtual/historia/fortificaciones/fortif1.htm>
12 Mangado, P. (2003). “Blas de Lezo y Edward Vernon: la invencible inglesa frente a Cartegena de Indias”. El Astillero (núm. 5, págs. 31-38). Pág. 36.
13 Quintero Saravia, G.M. (2002). Don Blas de Lezo: defensor de Cartagena de Indias. Planeta Colombiana. Pág. 273.
14 Lezo, Blas de. (1741) Diario de lo acaecido en Cartagena de Indias desde el día13 de marzo de 1741 hasta el 20 de mayo del mismo año, que remite a Su Majestad don Blas de Lezo. Museo Naval de Madrid. Jueves 20 de Abril de 1741.
15 Quintero Saravia, G.M. (2002). Don Blas de Lezo: defensor de Cartagena de Indias. Planeta Colombiana. Pág. 277.
16 Pembroke, J (1741) “True Account of Admiral Vernon’s conduit of Cartagena”. En: Michener J.A. (1990). Caribbean. Fawcett.
17 Victoria, P. (2005). El día que España derrotó a Inglaterra. Altera. Pág. 278.
Figuras:
- Figura 1 - Retrato de Blas de Lezo de origen desconocido.
- Figura 2 - Combate de una fragata española con el navío británico Stanhope (1710). Óleo sobre lienzo (143 x 250 cm), pintado por Angel Cortellini Sánchez (1858-1912), a principios del siglo XX.
- Figura 3 - La fragata de Blas de Lezo remolcando el navío Stanhope (1710). Óleo sobre lienzo (74 x 102 cm), escuela española (ca.1820).
- Figura 4 - Distintivo de la escuadra de Blas de Lezo (1731) con el escudo rodeado por la orden del espíritu santo y el toisón de Oro. Museo Naval de Madrid.
- Figura 5 - Fotografía del castillo de San Felipe de Barajas en la actualidad con la estatua de Blas de Lezo al pie del mismo señalando la dirección por donde apareció la flota inglesa.
- Figura 6 - Ataque británico en Cartagena de Indias (1741). Óleo sobre lienzo (50 x 70 cm), de Luis Gordillo (1994), copia de una litografía de los Episodios marítimos, publicada en Madrid en 1849. Museo Naval de Madrid.
- Figura 7 - Moneda acuñada en Inglaterra (1941). Aparece Blas de Lezo rindiendo su espada, arrodillado, ante el almirante Vernon. Al anverso una leyenda en latín dice: “La arrogancia española humillada por el almirante Vernon”. Museo Naval de Madrid.
- Figura 8 - Movimientos de la campaña contra Cartagena de Indias. Elaboración propia.
- Figura 9 - Retrato de don Blas de Lezo y Olavarrieta, marqués de Oviedo, teniente general de la Real Armada. Óleo sobre lienzo (94 x 79 cm), escuela española, copia anónima del año 1853 de un original propiedad de sus descendientes. Uniforme grande establecido en 1724. Museo Naval de Madrid.
Bibliografía:
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• Lezo, Blas de. (1741) Diario de lo acaecido en Cartagena de Indias desde el día13 de marzo de 1741 hasta el 20 de mayo del mismo año, que remite a Su Majestad don Blas de Lezo. Museo Naval de Madrid.
• Mangado, P. (2003). “Blas de Lezo y Edward Vernon: la invencible inglesa frente a Cartegena de Indias”. El Astillero (núm. 5, págs. 31-38).
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• Wikipedia. (2006). <http://es.wikipedia.org/wiki/Blas_de_Lezo> <http://es.wikipedia.org/wiki/Sitio_de_Cartagena_de_Indias_(1741)>

